sábado, 7 de enero de 2012

Relato de una noche de Verano

Habían pasado algunos minutos de la medianoche. El calor era agobiante aún, y yo buscando un fresco refugio para bajar la cena. Sentada en el patio de mi casa, cigarrillo en mano, me dispuse a disfrutar la noche. El cielo como un gran domo azul mostraba algunas estrellas. Jugué con las constelaciones mientras la luna brillaba como las luces de la calle. La noche era seca y cálida, ni siquiera soplaba una brisa de aire. Los aviones desfilaban con sus luces, y justo en esos momentos recordé que era noche de Reyes. Agudicé mi vista en vano, imposible visualizar algo que vive en las creencias de los niños. De todos modos hice mi pedido de Reyes: borrar todos aquellos errores que cometí el pasado año para volver a ser aquella que alguna vez fui.

Entre el poco cúmulo de estrellas que muestra la noche en la ciudad, vi dos como ojos, con sombras como párpados. Lejos de sentirme observada, supe que alguien me miraba desde el cielo y volví a realizar mi pedido. No soy mujer de creencias, pero a todos nos hace bien el saber que hay algo que nos ayuda día a día. Y creo que no era la única que reflexionaba esa noche, quien me hizo bajar la vista del cielo fue Eric, uno de mis cachorritos, cuando se acostó a mi lado con su cabeza en mi regazo.

No recuerdo cuánto tiempo habré estado observando el firmamento. Cuando quise darme cuenta, la tierra ya había rotado, las estrellas se habían revolucionado cambiando sus posiciones y la luna me miraba desde otro ángulo. Lo que sí recuerdo, es que ese tiempo a solas y en silencio me hizo muy bien, y hoy se convirtió en entrada.

La tierra gira, los días y las noches transcurren, y cada día nos regala una nueva oportunidad para frenarnos, evaluarnos y ayudarnos a ser mejores personas. Esa pausa, esa noche, me sirvió. Son momentos únicos que no se repiten, por más que uno lo planee o quiera volver a repetirlos meticulosamente. De hecho, esta noche lo quise repetir, pero no es lo mismo. Mi domo azul se tiñó con nubes rosadas, esas brisa que ayer anhelaba hoy es viento frío, y esos ojos que me miraban desde el cielo desaparecieron.

Disfruten cada momento de la vida, como dije, cada uno es único e irrepetible. Hagan lo que quieran hacer en el momento que quieran hacerlo, y vivan la vida como si fuera el último día.

Y por sobretodo, disfruten cada noche como si fuera la última...

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