martes, 30 de noviembre de 2010

Catarsis telefónica

Hoy voy a hablar de algo que me rompe soberanamente las pelotas: esa gente que tiene el dedo mas grande que el culo y marca cualquier cosa (léase mi teléfono) menos el número de la persona con quien desea hablar.

Para empezar, aclaro: mi número particular no figura en guias telefónicas y nadie, salvo miembros selectos de mi familia y círculo social (!!??), tiene el número de mi casa. Por ende, cuando suena en un horario irregular (mi familia es predecible a la hora de llamar) ya sé que no es para mí.

Empecemos hablando de Carlos. Carlos es el ex titular de mi número telefónico. Sabemos que al dar de baja una línea, Telefónica 'recicla' el número y lo entrega a un nuevo usuario. Los primeros meses, casi diría el primer año, han preguntado por Carlos numerosas personas y/o empresas como Vomistar entre otras. Hasta que un día, hablando con una operadora de Vomistar la increpo, luego de recibir varias llamadas de la compañía preguntado por este individuo: 'decime... Carlos les debe no???' La operadora se reía y me preguntaba por qué le estaba preguntando eso (valga la redundancia), a lo que le respondo 'porque ya estoy podrida de que me llamen preguntando por él!!!' A cada uno que llamaba pidiendo por Carlos, le preguntaba lo mismo, cada vez con tono mas disgustado y aclarándoles que borren ese número de sus agendas, porque AHORA LA LÍNEA ES MÍA!!! Con el pasar de los meses han dejado de llamarme, quien sabe a cuantos acreedores habrá cagado Don Carlos...

Creida que el asunto de Don Carlos había terminado, hace cosa de un par de meses tengo que soportar que me llamen las mamás amigas de la mamá de Federico. Lo que primero fueron 'No, equivocado' fueron mutando en 'Si, ya sé, pero está equivocado' y las últimas veces en 'Decile a la mamá de Federico que está dando el número de mi casa, que te dé bien el número porque siempre me llaman a mí'. Por suerte estas madres al pedo, víctimas de una cadena telefónica pedorra de jardín de infantes, no llamaron más. Léase: la mamá de Federico corrigió el teléfono.

Los acreedores de Carlos llamaban al mediodía, las mamis del jardín a la tarde. Pero los que quieren hablar con 'El Centro' y tienen el dedo mas grande que el culo llaman a las 9 de la mañana. Esas son mis mayores rabietas. Soy un mamífero que duerme hasta las 11, 11.30 de la mañana, y esta bola de inútiles telefónicos me despierta a las 9 de la mañana porque tienen dedos torpes, carcen de neuronas, compiten en la olimpiada de la idiotez, o son simplemente boludos profesionales. Creo yo, que hay una diferencia entre marcar 89 y 98... Y lo peor que te dicen en la cara que el número lo marcaron mal y te piden disculpas con un tono entre lastimoso y vergonzoso!!! Pedir disculpas no concilia de nuevo el sueño la reputa madre!!!

Y demás yerbas... Como el 'Hooooolaaaaaaaa!!! Su número ha sido seleccionado para una adjudicación de un Volkswagen Gol!!!', 'Becas exclusivas para su grupo familiar', 'Por su buen comportamiento en el pago de la factura telefónica usted puede acceder a un celular' (que termina siendo un fósil tecnológico invendible en cualquier local de electrodomésticos), 'Esta es una encuesta televisiva' (aclaro que no tengo televisión, estoy en el reducido grupo de gente que no necesita de una caja boba para entretenerse, prefiero estar frente al 'flat bobo' y elegir lo que quiero ver), entre otras oportunidades únicas e irrepetibles que terminan llenando mi contestadora automática una y otra vez, a pesar de ser oportunidades únicas e irrepetibles.

Así que ya sabe. Examine su dedo. Y si es mas grande que su culo, evítese las molestias de discar a mi casa si no quiere que le adjudique como oportunidad única un viaje a La Concha De La Lora.



Foto ilustrativa. El viaje real puede diferir de la foto.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Catarsis de una injusticia


'Caminar por donde quiera, caminar por las banquetas. Caminar con la certeza de este mundo de cabeza. Caminar con paso lento, esquivando los momentos. Caminar por los caminos de este extraño laberinto. Y tal vez no encuentre nada y sólo quede tu mirada. Y tal vez después de todo no sea tan malo de ese modo. Caminar con mi bandera, caminar a mi manera. Caminar, seguir andando, que no sabes hasta cuando. Caminar sin rumbo fijo, resolviendo el acertijo. Caminar, no queda de otra, así es esta vida loca. Y tal vez no encuentre nada y sólo quede tu mirada. Y tal vez después de todo no sea tan malo de ese modo. Y tal vez no encuentre nada...' (Caminar - Elefante en vivo en el Auditorio Nacional de México)

El Viernes al salir, luego de enterarme, la primera canción que me puso el reproductor de música fue Caminar. Y es que de eso se trata esto. En casi 5 años en 101 aprendí que todo se trata de eso: de caminar. Aprendí que el alto precio que pagan los mejores es de caminar. Esta vuelta te tocó caminar a vos, por más bronca que tenga. Y sí, me duele. Y me da bronca. Porque este no es un bello cuento en donde los buenos salen ganando, sino que siempre triunfa el mal. Y así fue siempre, y esta vez te ha tocado. Me quedo con un lindo recuerdo, con mucha impotencia y rencor. 101 ya no es lo mismo, me fata esa color que le ponías a lo monótono cada mañana/tarde, se siente en el aire para los que extrañamos.

Y tal vez no encuentre nada y sólo quede tu mirada. Los buenos recuerdos, como ese café cremoso que preparabas, esa seriedad fingida. Ese jugo aguado que te preparé un mediodía, mi ropa sucia por esas tareas bizarras que me encomendabas. Esa noche que ya habíamos cerrado y comenzaste a bailar meneando las caderas, con las notas de crédito en la mano al ritmo de 'perreo, perreo, perreo...' mientras todos te miramos atónitos y entre risas. Ese abrazo que me dabas cada día al vernos, pero sobretodo el último, que lo guardaré por siempre. La foto de tu despedida escrita y ese autógrafo que me diste una tarde, reemplazando la foto que deberiamos habernos tomado juntos. Espero que algún dia la vida nos cruce para poder tomarla.

Y tal vez después de todo no sea tan malo de ese modo. Todo cambio es bueno. Esto te ayudará a crecer, a pesar de que en mi alimente un sentimiento de odio hacia quien ocupa tu lugar. Alguien que no lo merece, que nunca ha sido santo de mi devoción, y que será mi cable a tierra para toda esta bronca que llevo dentro (de hecho en estos pocos días ya lo mandé a freir churros varias veces)

Y tal vez no encuentre nada. De las muchas personas que he conocido me he quedado solamente con dos. Es que es difícll encontrar en ese ambiente personas con las que valga la pensa seguir compartiendo mas allá de todo. Lo bueno de todo esto, es que este es el comienzo de una linda amistad. Me queda tu presencia en el Messenger, en mi Facebook, y como ya dije, en los recuerdos de los buenos momentos.

Que este no sea el adiós, que sea un hasta luego. Que a pesar de este distanciamiento sigamos en contacto. Sobretodo porque vos y yo sabemos que tenemos una deuda. Yo te lo dije claramente: te debo una y bien grande. No olvido mis deudas y las pago, aunque sea con creces, aunque este no sea el caso. No me olvides como yo no te olvidaré.

Te quiero mucho Ricky.

(15 de Noviembre de 2010)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Miradas

Hacía un tiempo que trabajábamos en la misma oficina. No sé cuándo, no sé cómo, pero ella comenzó a llamar mi atención. La duda no es un buen camino, todo tiene una razón. Y no quería arrepentirme a futuro por algo que nunca pasó.

No podía evitar el desvío de mi mirada, a pesar de que ella no lo percataba. Lo que al principio eran inocentes miradas fueron mutando en sonrisas cuando sus ojos se chocaban con los míos. Ella me hacía notar su desprecio, de manera sutil para que los presentes no lo noten, en una suerte de lenguaje íntimo entre los dos. A medida que las miradas y las sonrisas me iban quedando chicas, buscaba otros recursos para mostrarle mi inexplicable interés en ella. Cuando la tenía cerca de mí le susurraba cosas, reforzadas con miradas fijas que ella esquivaba con molestia. Con el tiempo, esas miraditas inocentes, espiadoras de sus actos, se fueron convirtiendo en insinuantes, acompañadas por algún que otro mordisco de labio. Había iniciado un juego de seducción. Sólo. Ella aún no me respondía de la misma manera. Hasta que un día, ante una de mis jugarretas en público, ella me sonrió.

En ese mismo instante olvidé mi familia, mi esposa, mi hijo… Absolutamente todo. No sabía donde terminaría lo que acababa de empezar. Sólo quería amanecer con ella y mi futuro ya me daba igual, no encontraba una razón para mirar hacia atrás. Ella acaparaba mi mente de una manera excepcional. Vagaba en silencio por mi habitación en las noches, y a la vez que me preguntaba si yo también estaba en sus sueños, vagando en silencio por su habitación en las noches. En mi mente era culpable y protagonista de los pensamientos más bajos y sucios. No me importaba su familia, su esposo, mi esposa, mi hijo, su hijo. Sólo quería que ella fuera mía. Después de todo, la vida no se trata más que de un juego, donde se pierde se gana, nadie sabe qué será de uno, y más cuando la cabeza le grita al corazón qué es lo que tiene que hacer.

Reforcé mi juego de seducción más que nunca, y contuve mis instintos por no besarla delante de la multitud de la oficina pública. Pero que ella me haya sonreído una vez no implicaba que quisiera estar conmigo.

Durante meses, casi un año, la seduje con todas mis fuerzas. A veces sonreía. A veces se enojaba. ¡A veces me seducía! O al menos eso era lo que yo quería creer. Hasta que un día, llegó ese día, esas palabras que por tanto tiempo había esperado. Trabajando juntos en mi oficina, solos. Acaricié su rostro en una seducción avanzada y desafiante. Al no escuchar réplica alguna de mi comportamiento, decidí avanzar. Lentamente acaricié su cintura, clavé la mirada en sus ojos y cuando la estaba acercando hacia mí para besarla, se desenredó de mis insolentes brazos, y lo único que dijo fue ‘Me separé de mi esposo’. Es cierto que la vida le guarda a uno sorpresas, y esta vez me sorprendió. Era mi oportunidad, lo que esperé durante tanto tiempo. Si ella quería sería mía y de nadie más.

Pero a lo único que atiné fue a besar la comisura de su boca con una mitad de sus labios. Le esbocé una sonrisa algo perversa en su perturbado rostro y me alejé de la oficina. La historia sin tiempo y sin final había culminado. Ya no era divertido ni excitante si era legal. Ya no.

(Inspirado en la canción ‘Historias’ de Elefante, de su cuarto disco ‘Resplandor’, compuesta por Rafa López)